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En los últimos años de su vida Umberto Eco gustaba de brindar entrevistas al interior de su departamento de Milán que había adquirido a principios de los años noventa, más precisamente en su biblioteca que a menudo aparece en fotos y videos que circulan profusamente en Internet. Es muy popular un fragmento del video de una entrevista en el que se ve a Eco caminando por los pasadizos y cuartos donde se ubicaban los estantes blancos atiborrados de libros en su biblioteca milanesa[i].

Eco en su biblioteca en una entrevista de finales de 2015 poco antes de su muerte (Del video: Umberto Eco: “Para deslegitimar a alguien es suficiente con decir que ha hecho algo”, captura de imagen de Youtube)

Durante estas entrevistas y principalmente en el libro Nadie acabará con los libros (Barcelona, Lumen, 2010), Eco brindó varias pistas sobre su colección de libros, su contenido, organización y cuidados. En las siguientes líneas todas las páginas consignadas entre paréntesis remiten a esta obra, en tanto que las citas a otras fuentes se ubican al final de este recuento, elaborado como un pequeño homenaje a poco más de haberse cumplido dos años del fallecimiento de este sabio italiano.

“Bibliotheca semiológica curiosa lunática mágica et neumática”

Eco la llamaba Bibliotheca semiológica, curiosa, lunática, mágica et neumática[ii], porque versaba sobre el saber culto y el saber falso (p. 112). En otras palabras, coleccionaba “todo lo que tiene que ver con la ciencia falsa, estrafalaria, oculta, y con las lenguas imaginarias”. A Eco le fascinaba “el error, la mala fe y la estupidez” (p.115). Además sentía atracción por los libros “con anotaciones de desconocidos”.

Una copiosa biblioteca en dos locales separados

En 2002 Eco afirmaba que había realizado un conteo que había arrojado un total de 30,000 volúmenes en su biblioteca de Milán, cantidad que por exigencia propia no debía ser sobrepasada realizando por ello una selección cada seis meses a fin de determinar los libros que podían ser trasladados a su casa de campo de Monte Cerignone[iii] cerca de Rímini, situada a más de 300 km de distancia de Milán y que en otro tiempo había sido un establecimiento jesuita. En mayo de 2015 Eco calculaba tener 35,000 libros en su casa de Milán[iv] y 20,000 en Monte Cerignone. Eco bromeaba sobre su biblioteca en Milán: “si la robaran necesitarán dos noches para guardar todos los libros y un camión para transportarlos” (p. 261).

Las adquisiciones

Eco establecía diferencias entre su biblioteca personal y su colección de libros antiguos. Los más de 50,000 libros (la biblioteca personal) eran en su mayoría modernos, comprados a lo largo de los años y también obsequiados. Su colección de libros antiguos sumaban unos 1200 títulos, todos seleccionados y adquiridos por Eco (p. 257) presumiblemente  “después de los cincuenta años” (p. 261) cuando la mejora ostensible de sus ingresos por el éxito literario alcanzado le permite convertirse en un “verdadero bibliófilo” según sus propias palabras. Aunque no lo precisa, es de suponerse que en el grupo de libros antiguos se incluye a la veintena o treintena de incunables de su propiedad.

La distribución de los espacios

En Milán su biblioteca se encontraba repartida a la manera de un pequeño laberinto de estantería de diversas dimensiones que en varios sectores llegaba hasta el techo, y escaleras corredizas adosadas a ella. En Monte Cerignone por lo que se puede apreciar en algunos videos la estantería era de ángulos ranurados en el depósito principal, habiendo también libros distribuidos en otros ambientes colocados en estantes de diversa manufactura.

Organización

Además de los libros propios de su especialidad y sobre la Edad Media, la biblioteca constaba principalmente de las siguientes grandes áreas:

  • Narrativa
  • Libros raros o antiguos (exhibidos en grandes vitrinas)
  • Libros escritos por él y sus traducciones a varios idiomas
  • Libros escritos sobre él
  • Libros para regalar y cajas por todas partes
  • Una sección de “idiotas”
  • Fotos del autor con varios personajes

También separó “las obras de ficción, la literatura, los ensayos teóricos, las obras de filosofía, de lingüística, de historia, de sociología, estableció en el sentido de cada sección, un orden cronológico y, para un mismo periodo, se fijó una clasificación alfabética”[v]. En Milán, el lado derecho de cada balda ostentaba un pequeño rótulo que identificaba la materia de los libros que contenía[vi].

(Captura de Youtube)

Incunables

Eco declaraba tener “unos 30 incunables” (p. 112), algunos de los cuales son:

  • Peregrinatio in terram sanctam, de Bernhard von Breydenbach. Speier, Peter Drach, 29 julio 1490.
  • Hypnerotomachia Poliphili (1499). Probablemente impreso por Aldo Manuzio
  • Crónica de Nuremberg
  • Arbor vitae crucifixae de Ubertino da Casale
  • Malleus maleficarum de Jacobus Sprenger y Henricus Institoris (1492). Encuadernado por Moisés Cornudo, un judío que trabajaba para los cistercienses y que firma con un Moisés con cuernos (p. 101)
  • De civitate dei cum commento de San Agustín (1490)
  • Cinco incunables encuadernados juntos en un volumen

Hypnerotomachia Poliphili, 1499 (Ejemplar de la University of Glasgow)

Otros libros

  • Primera edición del Ulises de Joyce en inglés
  • Otra no especificada autografiada por el mismo Joyce
  • Un Marinetti
  • La filosofia nel Medioevo. Dalle origini patristiche alla fine del XIV secolo de Étienne Gilson (de los 50 del siglo XX, cuyas páginas se encuentran friables, aunque con un valor especial por tener anotaciones propias de la época de licenciatura de Eco)
  • Un Paracelso
  • De Laudibus sanctae Crucis de Raban Maur (1503)
  • Monstrorum Historia por Ulisse Aldrovandi (1672)
  • Corpus hermeticum por Marsilio Ficino (Eco no precisa el año de edición)
  • Monumenta germania historicae
  • Un Ptolomeo
  • Todas las obras de Atanasius Kircher excepto Ars Magnesia. Se menciona especialmente a Turris Babel, sive Archontologia (1679) y Musurgia universalis (1650)
  • Robert Fludd
  • Obras de Gaspar Schott, jesuita alemán discípulo de Kircher
  • De harmonia mundi de Francesco Giorgi (1525)
  • Offenbarung göttlicher mayestat de Aloysius Gutman
  • Dos Aristóteles del siglo XVI
  • Dos mnemotecnias en español del siglo XVIII
  • Una colección de obras donde se confirma o niega la autenticidad de Shakespeare
  • El Mahabharata, tres ediciones en tres lenguas diferentes
  • Commentarii in libros sex Pedacii Discoridis de Pietro Andrea Mattioli (probablemente una edición de 1560 o 1565)
  • Cyrano de Bergerac de Edmond Rostand (1897)
  • Un diccionario de italianos contemporáneos
  • Grabados sueltos, entre ellos uno a color de Coronelli.
  • Le avventure di Pinocchio de Collodi, con las ilustraciones de Mussino (1911)
  • Los novios (I promessi sposi) de Alessandro Manzoni (1827)
  • La catedral de Joris-Karl Huysmans (1898), con dedicatoria del autor
  • Sylvie de Gérard de Nerval publicada en la Revue de deux Mondes (1853)
  • Crusader Castles de Lawrence de Arabia

Turris Babel de Atanasius Kircher, 1679

Musurgia universalis de Atanasius Kircher, 1650

Una página de Musurgia universalis

También conservaba varios catálogos de libreros anticuarios.

Especial estima tenía Eco por las novelas de folletín e historietas: Fantomas, Rocambole, etc. También se menciona a La muerte de Venecia de Mauricio Barres, La Atlántida de Pierre Benoit, Tartarín de Tarascón de Alfonso Daudet;  Rôtisserie de la reine Pédauque, Jocaste et le chat maigre  de Anatole France; La novela de un espahí de Pierre Loti, Afrodita, Las canciones de Bilitis, La mujer y el payaso de Pierre Louÿs, Pel di Carota de Jules Renard. Hasta pornografía: Eco confesaba tener en su casa de campo “tres o cuatro cajas de Penthouse y de Playboy[vii].

La antibiblioteca

La biblioteca de Umberto Eco inspiró al escritor Nassim Nicholas Taleb la idea de la antibiblioteca en su obra The black swan: the impact of the highly improbable, que puede definirse como el conjunto de libros que no hemos podido leer, muchos más numerosos que los ya leídos, pero que se encuentran físicamente allí listos para ampliar nuestros conocimientos. Los libros no leídos, por el potencial que encierran para la investigación, deberían ser más valorados que los leídos, lo que no ocurre en las bibliotecas particulares donde generalmente se valora la cantidad de libros leídos por su propietario como medida de sus propios conocimientos[viii].

De allí la sempiterna pregunta: ¿Ha leído todos sus libros? A lo que Eco contestaba: “No, estos son los que tengo reservados para leerlos al final del mes. Los otros los tengo en mi despacho”.

Verdaderamente su experiencia como lector y profesor universitario le ayudaba a tener una idea cabal del contenido de un libro con sólo ojear sus primeras páginas, entendida como una suerte de “lectura superficial” que no debía ser confundida con la “lectura rápida” a la que aludía humorísticamente Woody Allen en una célebre frase suya: ““He hecho un curso de lectura veloz y he leído La guerra y la paz en veinte minutos. Habla de Rusia”[ix].

Sin catálogo

Carecía de catálogo, aunque trataba de agruparlos por materias: “un día a mi secretaria se le ocurrió hacer un catálogo de mis libros para registrar su ubicación. Le dije que lo dejara. Si estoy escribiendo un libro sobre La lengua perfecta, consideraré mi biblioteca en función de ello, la colocaré en consecuencia. ¿Qué libros pueden ayudarme mejor sobre este argumento? Cuando termine, algunos volverán al estante de lingüística, otros al de libros de estética, mientras que otros estarán implicados ya en una nueva investigación” (pp. 243-244). Para localizar sus libros Eco tenía que recordar dónde se encontraban éstos, la “navegación de memoria” de la biblioteca que le permitía “ir a buen puerto, pero también perderse y dejarse llevar”[x].

Miedo al incendio

Según sus propias declaraciones pagaba una crecida suma por seguro contra incendio (p. 262), en parte impresionado por el incesante trajín de un bombero vecino suyo que atendía emergencias a todas horas.

Si tenía algo que salvar en caso se produjera un siniestro, Eco había manifestado que salvaría su disco duro externo de 250 Gb “que contiene todos mis escritos de los últimos 30 años”, “algunos de los libros antiguos más queridos y el incunable Peregrinatio in terram sancta por sus ilustraciones plegadas (p. 42)

Puerto griego de Modona en el Peloponeso. De Peregrinatio in terram sancta. (Fuente: https://www.vintage-maps.com/en/antique-maps/europe/greece/breydenbach-greece-peloponnes-methoni-1486::1034)

Los “libros de su vida”

Eco declaró que no existía un libro especial que hubiera marcado su vida. “Yo tengo cientos de ‘libros de mi vida’: los de mis diez años, los de los veinte, los de los cuarenta…y sí podría seguir indefinidamente. Todos esos libros son para mí fundamentales”[xi].

“Descarte” de libros

En vista del crecimiento incesante de su colección, Eco solía regalar libros a sus visitantes o a sus estudiantes. En una ocasión regaló las traducciones de sus obras literarias en albanés y en croata a las cárceles italianas (p. 258).

Qué faltaba en su biblioteca

Además del Ars magnesia de Kircher (1631), a Eco le hubiera gustado tener un ejemplar de la Biblia de Gutenberg y las veinte tragedias perdidas de las que Aristóteles habla en su Poética (p. 133).

La persistencia de la biblioteca frente a lo virtual

Eco manifestó en varias ocasiones que los nuevos medios digitales coexistirían con el libro. El mismo disfrutaba de los beneficios de la tecnología. Pero también mantenía inquebrantable su fe en el impreso. En una entrevista contó cómo había perdido una memoria USB o pendrive que felizmente pudo volver a encontrar. “Es facilísimo perder este pendrive, pero es muy difícil perder toda una biblioteca. El libro da una garantía de supervivencia. Puede bastar un gran apagón para destruir toda mi biblioteca electrónica. Pero yo colecciono libros antiguos. Aquí hay libros de quinientos años, que parecen impresos ayer, de una frescura. Esa es la ventaja del libro, da una mayor garantía de supervivencia. Naturalmente es menos transportable”[xii]. No obstante, Eco había experimentado en carne propia el problema de la acidificación de libros: “Desde 1870 en que se empezó a elaborar el papel elaborado con pulpa de madera en lugar del papel de trapo, se dice que los libros tienen una vida media de 70 años. Pero los Gallimard de los años 50 han tenido una vida media de treinta años. Tengo ejemplares de éstos que no puedo tomarlos en la mano porque caen en migajas”. Las alternativas que por entonces (años 90) brindaba la tecnología en su opinión no eran satisfactorias, pero confiaba que en un futuro se hubiera alcanzado una solución óptima. “Yo no puedo imaginar la manera por la que se puedan escanear ocho o diez millones de volúmenes de una biblioteca, pero, si se han construido las pirámides, seremos capaces de ello”[xiii].

Su biblioteca post mortem

Consciente del paso de los años, Eco reflexionaba sobre el destino ulterior de su biblioteca: “No quisiera que se dispersara. Mi familia podría donarla a una biblioteca pública o venderla en una subasta. En este caso debería venderse, completa, a una universidad. Esto es lo único que me interesa” (p. 256). Haciendo gala de su humor, Eco incluso especulaba que su colección terminaría en China por la abundancia de citas que hacían de sus trabajos en las investigaciones producidas en ese país. De este modo, los investigadores chinos que “quisieran entender toda la locura de occidente” tendrían un recurso a la mano a través de la consulta de su biblioteca.

Referencias:

[i] Ferrario, Davide. Umberto Eco, Sulla memoria. Una conversazione in tre parti, 2015 [Video disponible en Youtube].

[ii] Eco, Umberto. Construir al enemigo. Barcelona, Lumen, 2012. Disponible en parte por Google Books.

[iii] Maggiori, Robert. Biblioteco. [En línea]. Disponible en: http://next.liberation.fr/livres/2002/03/21/biblioteco_397764.  Una traducción al español renombrada como Un paseo por la biblioteca de Umberto Eco disponible en: http://www.cronica.com.mx/notas/2002/10805.html. Tambien en: http://bibliotecapersonalfagf.blogspot.pe/2015/03/198-comentarios-y-frases-de-umberto.html

[iv] Vorm, Tonny. Umberto Eco Interview: I Was Always Narrating. Mayo de 2015. [Video disponible en Youtube]

[v] Maggiori, Robert. Biblioteco.

[vi] Wehn-Damisch, Teri. Umberto Eco – Derrière les portes. [Video disponible en Youtube].

[vii] Maggiori, Robert. Biblioteco.

[viii] Gamero, Alejandro. La antibiblioteca: para qué sirve acumular en nuestra biblioteca libros que no vamos a leer. [En línea]. Disponible en: http://lapiedradesisifo.com/2016/02/18/la-antibiblioteca-para-que-sirve-acumular-en-nuestra-biblioteca-libros-que-no-vamos-a-leer/

[ix] Vorm, Tonny. Umberto Eco Interview: I Was Always Narrating.

[x] Maggiori, Robert. Biblioteco.

[xi] Abdala, Verónica. “En muy poco tiempo sólo los ricos leerán”. UmbertoEco cree que en el siglo XXI los pobres serán los “homo videns”. [En línea]. Disponible en: https://www.pagina12.com.ar/1998/98-10/98-10-30/pag24.htm

[xii] Mazzei, Diego. El gran professore. En: La Nación (Argentina). 21 de octubre de 2012. [En línea]. Disponible en: https://www.lanacion.com.ar/1519155-el-gran-professore

[xiii] Salaberría, Ramón. El santo Eco de las bibliotecas. En: Educación y biblioteca. N° 84, 1997. [En línea]. Disponible en: https://gredos.usal.es/jspui/bitstream/10366/113424/1/EB09_N084_P7-9.pdf

 

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